Mi hijo me agrede ¿CÓMO PREVENIRLO?

Hasta hace muy poco era difícil imaginar la posibilidad de que un hijo agrediese a sus padres.
Pero, desgraciadamente, ya no hay que imaginar nada. La Memoria de la Fiscalía General del
Estado en la que se recogen los datos de 2014 lo ha vuelto a confirmar. El maltrato de menores ha
experimentado un aumento alarmante en los últimos años. Concienciarnos de la gravedad de
este asunto es prioritario, pero también lo es analizar cómo hemos llegado a esto. Sólo así
podremos aspirar algún día a poner freno a esta situación.

Pero según datos oficiales hoy no sólo se agrede más sino que se hace a edad más temprana. Antes
los agresores tenían entre 14 y 18 años. Hoy hay muchos de 12, ¡y de muchísima menos edad! Y por
si esto fuese poco, las chicas también se han convertido en agresoras. Cometen hasta un tercio de
las agresiones.

Psicólogos, psiquiatras, fiscales, educadores… Todos coinciden: los datos son preocupantes. Pero aun
así, muchas personas creen que esto no va con ellos; que estos episodios sólo se producen en familias
marginales. Pues se equivocan. Los datos de las distintas fiscalías son claros: “Este delito es típico de
menores de clase media y media alta, y lo cometen tanto chicos como chicas”.
Los niños necesitan amor pero también, obligaciones, normas y límites. Sin embargo, a muchos
padres les sigue costando ponerlos.

¿Qué conductas son normales?

No todo enfado o pataleta debe hacer pensar a los padres que su hijo será un joven violento. Es normal
que los niños se contraríen cuando se les niega sus exigencias, que lloren y digan frases como “no es
justo”, “estoy harto”, “no puedo más”, incluso que se tiren al suelo, hagan gestos con los brazos de
crispación o intenten un contacto ocular desafiante, aunque después desvíen la mirada.
También lo es que intenten irse o den un intento de portazo.
Estas actitudes no son preocupantes, aunque los padres no deben pasarlas por alto, sino que deben
corregirlas para evitar que se conviertan en una costumbre. Si por pena o porque no quieren verlo
alterado o enfadado le dan lo que quiere, lo que le están enseñando es que es un buen comportamiento
para conseguir algo.

¿Qué podemos hacer?

En la prevención está la clave. La violencia no es innata. Se aprende. Las vivencias de infancia y
juventud son decisivas. La escuela está realizando una gran labor preventiva. Pero los padres son la
pieza clave. Deben aprender a poner límites a los hijos; desde pequeños. También deben aprender a
detectar conductas de riesgo para cortar la agresividad en sus primeros brotes.Los padres no deben caer en el error de justificar un comportamiento violento como un comportamiento natural por la edad, ni pensar que cuando crezca se le pasará. Educar es corregir comportamientos inadecuados, tenga el niño la edad que tenga, para que en el futuro sea un adulto feliz. Los niños deben aprender de pequeños a no utilizar la agresividad verbal o física ni las amenazas para conseguir lo que quieren, pero los padres deben aprender a no tener “miedo a sus hijos”.
Un padre o madre que no pone límites no ayudará a sus hijos a relacionarse socialmente en el futuro.
No hay que olvidar que un signo de cariño es educarle y enseñarle a comportarse, lo que incluye a controlar su ira, enfados y violencia. Y para ello nunca es demasiado pronto.

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